Guía de referencia informativa
Una manera ordenada de pensar la comida de todos los días: observar, equilibrar y ajustar, sin reglas rígidas ni fórmulas de una sola talla.
Cómo pensamos una comida equilibrada
Mirar qué hay en el plato antes de comer: proporción de verduras, proteína, carbohidrato y condimentos.
Ajustar cantidades de forma gradual: un poco más de verduras, un poco menos de sal agregada, sin cambios bruscos.
Revisar cómo resultó la semana y adaptar el próximo menú según el tiempo y los ingredientes disponibles.
Antes de elegir
No hace falta un análisis exhaustivo: cuatro datos bastan para comparar dos productos similares y elegir con criterio, sin depender solo de la publicidad del envase.
1
Ingredientes, en orden de cantidad
2
Tamaño real de la porción
3
Sodio por porción
4
Azúcares añadidos
Una mirada más amplia
De norte a sur, las costumbres cambian: en algunas zonas predominan los mariscos y pescados, en otras las legumbres y los cultivos andinos. Lo que suele repetirse es el gusto por compartir la mesa y por preparaciones caseras transmitidas entre generaciones.
Reconocer esa diversidad ayuda a que cualquier ajuste en la alimentación diaria se sienta propio, y no como una receta importada que no encaja con la cocina de cada casa.
Planificación
Pensado como punto de partida, no como calendario obligatorio. Se puede reordenar según cada semana.
Presentes en la mayoría de los almuerzos y cenas de la semana.
Alternados con legumbres algunos días de la semana.
Pescado, legumbres y carnes magras en distintos días.
Agua como bebida principal a lo largo del día.
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